Fotografía: La joven de 21 años desapareció al entrar a una entrevista laboral y fue hallada sin vida en el mismo inmueble.
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En un país donde buscar el sustento diario puede convertirse en una sentencia letal, la historia de Edith Guadalupe Valdés Zaldívar ha cimbrado a la sociedad mexicana. La joven de apenas 21 años de edad, quien salió de su hogar con la ilusión de conseguir un empleo para mejorar sus condiciones de vida, fue víctima de una trampa mortal en la alcaldía Benito Juárez. Su feminicidio no solo exhibe la brutal violencia machista que impera en México, sino la dolorosa inoperancia, burocracia y presunta corrupción de las instituciones encargadas de proteger a los ciudadanos.

El engaño: Una cita laboral sin retorno

El calvario para la familia Valdés Zaldívar comenzó la tarde del miércoles 15 de abril de 2026. Edith Guadalupe salió de su domicilio en la colonia Magdalena Atlazolpa, en la alcaldía Iztapalapa, con rumbo a una supuesta entrevista de trabajo. De acuerdo con el recuento elaborado por Infobae (con información de Anayeli Tapia Sandoval) y reportes de N+, la joven había sido captada a través de falsos anuncios en redes sociales que ofrecían puestos de limpieza, niñera o edecán, con la inusual y peligrosa condición de acudir sola y sin identificación oficial.

Cerca de las 16:00 horas, Edith abordó un mototaxi solicitado mediante una aplicación. Durante el trayecto, mantuvo comunicación telefónica con su madre y envió su ubicación en tiempo real a una tía. Su destino era la Torre Murano, un complejo de departamentos ubicado en la Avenida Revolución 829, casi esquina con Rubens, en la colonia Nonoalco.

Las cámaras de seguridad vecinales registraron su llegada al exterior del inmueble a las 16:56 horas. Un minuto después, a las 16:57 con 47 segundos, se le observa ingresar por la puerta principal. A partir de ese momento, la joven desapareció sin dejar rastro.

La agonía de las 24 horas perdidas y la revictimización

Al caer la noche y perder todo contacto, la familia acudió a interponer la denuncia correspondiente durante la madrugada del 16 de abril. Sin embargo, se toparon con el muro de la negligencia institucional. Tal como documenta el periodista Carlos Carabaña para el diario El País, pasaron 24 horas y treinta minutos entre la denuncia formal y la inspección del edificio por parte de las autoridades.

Los testimonios de los padres son desgarradores y apuntan a una negligencia sistemática de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJCDMX). Los familiares denunciaron ante medios de comunicación que los funcionarios les exigieron esperar las arcaicas 72 horas para iniciar la búsqueda, minimizando el riesgo al insinuar que Edith «seguro se había ido con el novio o las amigas». Más grave aún, Eje Central consignó que un elemento de la Fiscalía presuntamente les exigió dinero «por debajo del agua» para agilizar las indagatorias.

Ante la nula respuesta oficial, la familia y amigos tomaron el control. Contrataron a un investigador privado, consiguieron por sus propios medios los videos que confirmaban el ingreso de Edith al edificio y, desesperados, organizaron un bloqueo vial en el Eje 6 Sur. «Nosotros todo lo hicimos, fue con nuestros medios, que la Fiscalía no se pare el cuello», reclamó Magdalena, tía de la víctima, evidenciando que fue la presión social la que obligó a las autoridades a reaccionar.

El macabro hallazgo en el sótano

La movilización rindió frutos, pero de la forma más trágica posible. Fue hasta la madrugada del viernes 17 de abril, a la 1:30 am, cuando la presión mediática forzó a la FGJCDMX a ingresar al edificio de Avenida Revolución.

Revisando piso por piso, los agentes hallaron primero objetos personales de la joven. Horas más tarde, en el sótano del estacionamiento, oculto bajo un montículo de arena y dentro de una bolsa de plástico, encontraron el cuerpo sin vida de Edith Guadalupe.

Los detalles revelados por la necropsia del Servicio Médico Forense (Semefo), y reportados por Milenio (Karla Vázquez), La Jornada (Kevin Ruiz y Nayelli Ramírez) y El Universal, confirmaron la saña del crimen. Edith falleció a consecuencia de una hemorragia interna letal provocada por una herida profunda en el pecho que le perforó un pulmón, infligida presuntamente con un desarmador. Además, el cuerpo presentaba múltiples golpes, señal de un altercado violento previo a su muerte.

El vigilante detenido: ¿Feminicida o chivo expiatorio?

Esa misma noche, elementos de la Fiscalía detuvieron a Juan Jesús “N”, de 24 años de edad, quien trabajaba como vigilante en la caseta del inmueble. El sábado 18 de abril fue presentado ante un juez de control en el Reclusorio Norte, quien calificó de legal su detención y le dictó prisión preventiva oficiosa.

La postura de la dependencia que encabeza Bertha Alcalde Luján es contundente. A través de comunicados citados por Aristegui Noticias, Nación 321 y El Heraldo de México, la FGJCDMX rechazó categóricamente haber fabricado culpables. Afirman contar con indicios biológicos, hallazgos periciales y rastros de sangre en la caseta de vigilancia que incriminan al detenido. Además, sostienen que las cámaras del circuito cerrado fueron desconectadas intencionalmente durante el ingreso de Edith, sistema al que Juan Jesús “N” tenía acceso directo.

No obstante, la narrativa oficial enfrenta duros cuestionamientos por parte de la defensa. El abogado del imputado, Julián Octavio González, solicitó la duplicidad del término constitucional (144 horas), por lo que la vinculación a proceso se definirá el próximo miércoles 22 de abril.

La familia de Juan Jesús “N” sostiene que el joven fue torturado. Su madre, Claudia, declaró entre lágrimas: «A mi hijo lo amenazaron y lo golpearon, es un chivo expiatorio». Según relataron a creadores de contenido y medios, el joven llevaba apenas tres meses en ese empleo —conseguido también a través de Facebook—, es de carácter noble, e incluso, según su hermano, le tiene miedo a la oscuridad.

La red de impunidad y el clamor social

Para enrarecer más el panorama, la defensa sugirió la existencia de operaciones ilícitas en el edificio. Como argumento, revelaron un video donde se observa a un hombre de unos 50 años ingresando al elevador del lugar junto a una joven, a quien acosa con tocamientos y besos.

Aunque en redes sociales usuarios especularon que el hombre del video podría ser el juez paraguayo Humberto Otazú —un rumor desmentido tras el análisis del periodista David Galicia Sánchez en El Heraldo de México—, la Fiscalía aclaró que dicha grabación data del 7 de abril de 2026, ocho días antes del feminicidio, y la mujer que aparece no es Edith. Sin embargo, la institución mantiene abierta una línea de investigación por posible trata de personas y la participación de cómplices en el crimen.

La indignación social es profunda. En la columna de María Ramona para La Izquierda Diario, se expone cómo este feminicidio desmiente el discurso triunfalista de las autoridades. «No, no llegamos todas. Nos falta Edith», sentencia el texto, apuntando a la vulnerabilidad a la que están expuestas las mujeres precarizadas frente a la violencia estructural.

Mientras las autoridades de la capital suspenden e investigan a sus propios funcionarios por las omisiones cometidas, el padre de Edith lanza una súplica que resuena en todo el país: «Que den con el verdadero agresor y no me pongan a cualquier hijo de la ch…».

A casi una semana del crimen, y en vísperas de una audiencia judicial clave, la exigencia ciudadana es una sola: que el asesinato de la joven que solo quería trabajar no se convierta en una cifra más dentro de la impunidad que asfixia a México.


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