Fotografía: Una investigación de El País revela un sistema de castigo y aislamiento conocido como la "casa del perro" y humillaciones directas.
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La gestión de Josefa González-Blanco Ortiz-Mena al frente de la Embajada de México en Reino Unido concluye no con un balance de logros diplomáticos, sino bajo la sombra de graves acusaciones de abuso de poder, hostigamiento y desmantelamiento institucional.

De acuerdo con una extensa investigación publicada por el diario El País, y retomada por medios como SinEmbargo, la funcionaria deja la sede diplomática con al menos 16 denuncias formales ante el Órgano Interno de Control y el Comité de Ética, además de un historial de 40 bajas laborales —entre renuncias y rotaciones— desde su llegada en 2021.

La infame «Dog House»

Testimonios de empleados y excolaboradores recabados por el medio español describen un ambiente de terror psicológico. La herramienta principal de coerción era la llamada «Dog House» (la casa del perro), un mecanismo de castigo sistemático.

«Te congela, te deja de hablar, no te pasa información y simplemente dejas de existir. Le dice al resto del personal que no puede tener contacto contigo», reveló una fuente interna a El País, quien describió el clima laboral como un caos donde impera el miedo a ser el siguiente «congelado».

Las consecuencias del hostigamiento trascendieron lo laboral. Los testimonios apuntan a gritos y humillaciones directas con frases como: «Si yo digo que te hinques, te hincas». Esta presión constante habría provocado problemas de salud severos en el personal, incluyendo casos de burnout atendidos por el servicio médico británico e incluso la presunta pérdida de un embarazo atribuida al estrés extremo.

Fiestas vs. Diplomacia

Mientras la relación bilateral con Reino Unido se desdibujaba —empleados aseguran que no hay diálogo político de alto nivel ni cooperación académica—, la actividad social de la embajadora se intensificaba.

Según los reportes, en 2024 se realizaron 108 eventos, uno cada tres días. Los denunciantes describen estas reuniones no como actos diplomáticos, sino como «fiestas» para la promoción de la imagen personal de González-Blanco, que a menudo terminaban en «borracheras» hasta la madrugada, obligando al personal a jornadas extenuantes sin descanso.

Incluso se señaló el intento de utilizar recursos etiquetados para protección consular (repatriaciones o emergencias médicas) para financiar estos eventos. Además, instituciones como la National Gallery desmintieron a la embajadora, aclarando que la exposición del pintor José María Velasco fue gestionada por la Secretaría de Cultura federal, y no por la Embajada, como ella presumió.

Omisión institucional y defensa

A pesar de que las denuncias llegaron a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y hubo resoluciones a favor de los empleados, los testimonios indican que la Cancillería fue omisa. González-Blanco habría respondido a las recomendaciones del Comité de Ética con una negativa a acatarlas, sintiéndose «intocable».

Al ser consultada por El País, la todavía embajadora desestimó los señalamientos, argumentando que derivan de «inconformidades con procesos de auditoría e investigación actualmente en curso». Aseguró que la relación con Reino Unido es «sólida y activa».

El relevo Josefa González-Blanco, quien llegó al cargo tras un polémico paso por la Semarnat (de donde renunció por retrasar un vuelo comercial por orden personal), cederá la estafeta al ex Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero.

En su mensaje de despedida, la funcionaria deseó éxito a su sucesor, cerrando un capítulo que fuentes diplomáticas describen como el de un «barco a la deriva».


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