La tarde del miércoles 3 de septiembre se tiñó de sangre y pólvora en Matamoros. Una ofensiva coordinada del crimen organizado desató el caos absoluto en múltiples sectores, sometiendo a la población a horas de angustia con balaceras, persecuciones y narcobloqueos que convirtieron las principales avenidas en trampas mortales.
El primer acto de esta pesadilla comenzó alrededor de las 16:30 horas en la avenida Washington. Una persecución entre civiles armados y fuerzas de seguridad escaló a un violento tiroteo que culminó con una camioneta de los agresores volcada. En su interior, un arsenal: armas de fuego, cartuchos y un chaleco táctico, mudos testigos de la batalla que apenas iniciaba.
A partir de ese momento, el terror se esparció como un virus. Células criminales, en una acción sincronizada, secuestraron autobuses de pasajeros, pipas y camiones de carga para atravesarlos en puntos estratégicos, rociando el pavimento con ponchallantas para impedir el paso de las autoridades. Las avenidas Rigo Tovar, Lauro Villar y la Carretera a Reynosa se convirtieron en laberintos de acero y fuego.
El sonido de las ráfagas resonaba por toda la ciudad. Ciudadanos aterrorizados se arrojaban al suelo en plena calle, buscando refugio tras cualquier objeto que prometiera resguardarlos de una bala perdida. Comercios y escuelas bajaron sus cortinas abruptamente, mientras restaurantes y negocios nocturnos anunciaban en redes sociales que no abrirían. Matamoros se transformó, en minutos, en una ciudad fantasma habitada solo por el miedo.
SÉ DESATAN ENFRENTAMIENTOS Y NARCO BLOQUEOS EN ÉL PELIGROSO MUNICIPIO DE #MATAMOROS #TAMAULIPAS #MÉXICO
EXTREMEN MUCHA #PRECAUCIÓN ⚠️ pic.twitter.com/xnuYvMb15g
— VALOR POR TAMAULIPAS (@VALORPORTAMPS) September 3, 2025
La Vocería de Seguridad de Tamaulipas confirmó el saldo preliminar de la ofensiva: dos elementos de seguridad lesionados. Mientras, versiones extraoficiales reportaban el ingreso de al menos tres civiles heridos a un hospital, sin que se confirmara su relación con los enfrentamientos.
En medio del caos, el alcalde Alberto Granados Favila lanzó una alerta: «Amigos y amigas, ante la situación que acontece en la ciudad les pido extremar precauciones».
Aunque ninguna autoridad ha señalado una causa directa, esta explosión de violencia ocurre a pocas semanas de la detención de Ezequiel “C”, alias “El Junior”, hijo del excapo del Cártel del Golfo, “Tony Tormenta”. La furia desatada en las calles de Matamoros tiene el inconfundible sello de una represalia, un mensaje brutal de un poder que se niega a ser sometido. Al caer la noche, la ciudad permanece en una calma tensa, herida y a la espera de lo que pueda traer la oscuridad.

