En un audaz y abierto desafío a la autoridad, un comando armado atacó anoche a balazos la comandancia de la Policía Investigadora Ministerial y la agencia del Ministerio Público en el corazón de la zona turística de Acapulco. El ataque, que sembró el pánico entre vecinos y turistas, ocurrió a escasos metros de la concurrida avenida Costera Miguel Alemán y de un módulo de la Guardia Nacional, evidenciando la impunidad con la que operan los grupos criminales en el puerto.
Los hechos ocurrieron alrededor de las 9:00 de la noche del domingo 27 de julio, en las instalaciones de la Fiscalía General del Estado (FGE) ubicadas en la calle Juan Sebastián Elcano, del fraccionamiento Costa Azul. Según testigos, el asalto fue metódico y escalofriante: primero, al menos cuatro sujetos dispararon con armas cortas contra la fachada durante unos 20 segundos. Inmediatamente después, se posicionaron tácticamente para rafaguear el inmueble con rifles de asalto tipo AK-47, conocidos como «cuerno de chivo».
La intensidad del ataque quedó de manifiesto en la escena: más de 100 casquillos percutidos fueron hallados en el lugar.
La respuesta oficial llegó una hora después. La FGE emitió un comunicado confirmando las detonaciones, informando que no se reportaron víctimas y que se había iniciado una carpeta de investigación. Sin embargo, la mañana de este lunes, las oficinas atacadas amanecieron cerradas, un símbolo tangible del golpe asestado por el crimen.
Un espiral de violencia que nadie frena
Este ataque no es un hecho aislado, sino la culminación de una alarmante crisis de violencia que azota a Acapulco y otras regiones de Guerrero, ante la aparente incapacidad de las autoridades municipales y estatales.
Apenas el viernes pasado, la violencia dejó un saldo de cuatro personas asesinadas en distintos puntos del municipio gobernado por Abelina López, de Morena. En un primer hecho, dos hombres fueron hallados con signos de tortura y estrangulados en la colonia Libertad. Horas después, dos trabajadores de un autolavado fueron acribillados en la colonia Potrerillo.
Con estos crímenes, la cifra de homicidios dolosos en Acapulco asciende a 309 en lo que va del año, un número que refleja una realidad de terror cotidiano para sus habitantes y que ahora estalla en la cara del turismo, la principal actividad económica del puerto. El ataque directo a las fuerzas de seguridad en una de las zonas más vigiladas del país envía un mensaje claro de poder y control por parte de los grupos delictivos.

