Fotografía: Advierte que la administración de Alessandra Rojo de la Vega gobierna desde las redes sociales y el pleito, abandonando el territorio.
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La alcaldía Cuauhtémoc es el corazón palpitante de la capital mexicana. En sus calles convergen el esplendor cosmopolita de la Roma y la Condesa con las profundas carencias de la Buenos Aires, la Doctores o la Guerrero. Es un territorio polarizado, sostenido en gran medida por la clase trabajadora que a menudo es invisibilizada por las administraciones en turno. En este escenario emerge la figura de Ceci Ocampo, actual dirigente del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la demarcación y líder de la organización Movimiento Nueva Aztlán, quien se define a sí misma con orgullo como una mujer «hecha de barrio».

En una demarcación donde la política se ha convertido en un espectáculo de redes sociales, Ocampo levanta la voz para señalar una realidad innegable: la actual alcaldesa, Alessandra Rojo de la Vega, es una figura popular, pero profundamente ineficiente a la hora de resolver los problemas de raíz que aquejan a los habitantes de la Cuauhtémoc.

Una alcaldía de ‘likes’ y autodefensa

“Hay gente de verdad muy lastimada por la vida y por los gobiernos; se sienten invisibles”, señala Ocampo. Al analizar la gestión de Rojo de la Vega, la crítica es frontal. Para la dirigente perredista, la actual administración ha utilizado la causa social como un estandarte mediático, pero sin aterrizar soluciones concretas en el territorio.

“La alcaldesa está a la defensiva. Hoy vemos a políticos a los que no les gusta ser confrontados. Salió un video viral donde un señor se le acerca para reclamarle por un bache de 30 años, y su respuesta fue decir que ella apenas llegó. Esa es su oportunidad de resolverlo. Hoy es su responsabilidad”, enfatiza.

Ocampo subraya que la eficiencia no se mide en seguidores ni en encuestas de popularidad descontextualizadas. “Una cosa es ser popular y otra cosa es ser eficiente. Vemos a una alcaldesa reparando baches para la foto, cuando esa no es su función principal; tiene un equipo para ello. Queremos protagonismo, creemos que si nos vemos de esa manera la gente va a decir que estamos trabajando, pero hay una distorsión total de los quehaceres de un alcalde”.

El problema de fondo, argumenta, es la importación de gobernantes. Alcaldes recientes como Sandra Cuevas, Ricardo Monreal o la propia Alessandra Rojo de la Vega comparten un rasgo: no vivían en la Cuauhtémoc antes de gobernarla. “¿Por qué nos tienen que venir a administrar personas que no viven en la alcaldía? Si pusiéramos a un director territorial que viva en la zona y conozca a los vecinos, las cosas cambiarían. Hay que apostar por una Cuauhtémoc vecinal, por el talento de barrio”.

La gentrificación y el desplazamiento silencioso

Uno de los ejes centrales de la lucha de Ceci Ocampo a través de Nueva Aztlán es la vivienda. Su empatía no nace de la academia, sino de la experiencia cruda: tras el sismo de 1985, vivió en carne propia lo que significa dormir en la calle. Hoy, la amenaza para el patrimonio de los capitalinos ya no es solo sísmica, sino inmobiliaria.

La gentrificación ha dejado de ser un fenómeno exclusivo del corredor Roma-Condesa para devorar colonias populares. “Las inmobiliarias privadas se han adentrado a nuestras colonias. A la Peralvillo o a la Guerrero ya hasta le cambian el nombre, le dicen ‘Reforma Norte’ para que sea más atractivo para los extranjeros”, denuncia.

Este desarrollo urbano sin justicia social ha encarecido la tierra, los impuestos y las rentas, desplazando a familias que llevaban tres generaciones habitando la zona central. A esto se suma el abandono jurídico de los predios de alto riesgo, muchos de ellos intestados y con infraestructuras colapsadas. Ocampo critica la inacción de la actual administración ante esta crisis: “No veo a la alcaldesa buscando al Congreso para proponer que el INVI adquiera vivienda asequible, ni poniendo a disposición un equipo jurídico para asesorar en temas de despojos o desalojos”.

El encarecimiento también ha golpeado el abasto alimentario. Como recientemente documentó el diario La Jornada, los mercados en zonas gentrificadas han disparado sus precios, vendiendo los productos de la canasta básica a tarifas pensadas para extranjeros. “La gente de la Roma Sur o la Condesa también necesita nuestra ayuda; tienen que irse hasta el mercado Hidalgo o Jamaica para poder acompletar su despensa porque la fruta ya no les alcanza”, puntualiza Ocampo, validando la información expuesta por el medio de comunicación.

Nueva Aztlán: El rescate desde el territorio

Frente a la ineficiencia institucional, Ocampo ha impulsado soluciones tangibles. A través de Nueva Aztlán, coordina jornadas de abasto de canasta básica a bajo costo, entregas de mochilas, certificados médicos y cortes de cabello gratuitos, impactando directamente en la economía de las jefas de familia y grupos vulnerables.

“Toda mi vida he sido jefa de familia. Sé lo que es abrir el refri y decir: ‘tengo diez pesos en mi bolsa’. Me tocó que mis hijos no tuvieran zapatos nuevos para iniciar el ciclo escolar. Desde esa necesidad, hoy busco cómo ayudar a los núcleos familiares completos”, relata con convicción.

El impacto de este trabajo territorial es profundo. Ocampo narra con emoción cómo Nueva Aztlán, en coordinación con las autoridades de vivienda, ha logrado entregar departamentos nuevos a familias que vivieron durante 30 años en condiciones precarias en colonias como la Centro o la Obrera. “Ese cambio impacta a la vecina de hoy, pero también a sus nietos. Se rompe el ciclo de la pobreza”.

El futuro del PRD y la ruta hacia 2027

Como presidenta del PRD en la demarcación, Ceci Ocampo tiene claro que la única forma de recuperar la confianza ciudadana es regresando a las bases. Su proyecto busca expandir el modelo de Nueva Aztlán no solo a cada rincón de la Cuauhtémoc, sino proponer una agenda metropolitana que llegue a alcaldías históricamente olvidadas como Tláhuac o Milpa Alta.

De cara al proceso electoral de 2027, Ocampo es tajante sobre el panorama político actual, dominado por las pugnas internas de Morena y la oposición tradicional. “Lo que pasa hoy con los partidos políticos es una lucha de poder, no es una verdadera oposición. Veo a los candidatos peleando en el INE, buscando subir su popularidad a través del pleito, pero no veo propuesta ni trabajo territorial”.

Para Ocampo, el poder no debe ser un instrumento para llenar el ego ni acumular likes, sino una herramienta de transformación. “Si se arregla el tejido social, por ende, baja la delincuencia. El cambio no se hace desde un escritorio, se hace adentrándose en las colonias, con un trabajo de territorio rudo, exhaustivo, emoción con emoción. Ese es el verdadero poder del barrio”.


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