Fotografía: A través de Probosque, más de 1,500 personas se han capacitado en prevención de incendios y reforestación.
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En una apuesta por sembrar la semilla de la conservación desde la raíz, el Gobierno del Estado de México, mediante la Protectora de Bosques (Probosque), ha consolidado el proyecto «Bosque-Escuela», una iniciativa que busca conectar a la ciudadanía con la riqueza natural de la entidad. Durante 2025, este programa logró impactar a mil 500 personas mediante una estrategia de inmersión directa en el entorno forestal.

El corazón de esta estrategia radica en abrir las puertas de las oficinas centrales de Probosque en Metepec. Allí, estudiantes, docentes, organizaciones civiles y familias no son simples espectadores, sino que recorren áreas clave para entender los desafíos reales de los bosques mexiquenses.

Aprendizaje vivencial: de la semilla al árbol

Las visitas guiadas —que ya suman 50 recorridos y 25 eventos educativos— ofrecen un panorama integral que va mucho más allá de la teoría. Los asistentes conocen de primera mano procesos críticos como el combate a incendios forestales, el control de plagas y los efectos devastadores de la tala ilegal y el cambio de uso de suelo.

Además, se les instruye en la ciencia detrás de la reforestación: desde la selección de semillas de alta calidad genética hasta la producción de planta en vivero y su establecimiento final en campo.

Alianza estratégica con las aulas

En el marco del Día de la Educación Ambiental, Tania Rivera Martínez, encargada de la Coordinación de Delegaciones de Probosque, anunció un paso decisivo para escalar el impacto del programa: la formalización de una alianza con la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTI).

«Hemos logrado la firma de un convenio macro y uno específico con la SECTI, integrando las siete acciones principales del Bosque-Escuela», detalló Rivera Martínez. El objetivo es ambicioso: llevar estas dinámicas directamente a los centros educativos y garantizar que cada escuela cuente con un área verde destinada a la conservación.

Bajo los principios de la Nueva Escuela Mexicana, el gobierno estatal busca que la educación ambiental deje de ser una materia optativa para convertirse en un pilar de bienestar comunitario, formando generaciones conscientes de que la protección del bosque es, en esencia, la protección de la vida misma.


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