Fotografía: La medida celebrada por la ultraderecha israelí, busca borrar la identidad de los refugiados palestinos y asfixiar la última línea de vida. Crédito de la imagen a quien corresponda.
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En lo que ha sido calificado por la comunidad internacional como un ataque sin precedentes a los cimientos de la diplomacia global, el Estado de Israel inició este martes la demolición de la sede de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) en el barrio de Sheikh Jarrah, Jerusalén Este. La acción marca un punto de inflexión en la campaña de asfixia contra el pueblo palestino, consolidando la impunidad con la que opera el gobierno de Benjamin Netanyahu frente a las normativas globales.

Poco después de las 7:00 a.m., y bajo un fuerte dispositivo de seguridad, fuerzas policiales y agentes de la Autoridad de Tierras de Israel irrumpieron en el complejo diplomático. Según reportes de testigos y personal de la agencia, los guardias de seguridad de la ONU fueron expulsados a la fuerza y sus equipos de comunicación confiscados, dejando vía libre para que excavadoras y maquinaria pesada comenzaran a destruir los edificios que durante décadas gestionaron la ayuda humanitaria para millones de refugiados.

El desmantelamiento de la esperanza palestina

La demolición no es un hecho aislado, sino la culminación de una estrategia legislativa y militar diseñada para despojar a los palestinos de su estatus y derechos. A finales de 2024 y durante 2025, la Knéset (parlamento israelí) aprobó leyes para prohibir las actividades de la UNRWA, catalogándola sin pruebas concluyentes como una organización terrorista, y cortando suministros vitales como agua y electricidad a sus instalaciones.

Philippe Lazzarini, Comisionado General de la UNRWA, condenó los hechos enérgicamente: «Este es un nuevo nivel de desafío abierto y deliberado al derecho internacional. Lo que ocurre hoy con la UNRWA ocurrirá mañana con cualquier otra organización internacional. Israel está desmantelando el sistema de las Naciones Unidas ladrillo a ladrillo».

Para la población palestina, víctima de una ofensiva militar continua en Gaza y de una violencia creciente de colonos en Cisjordania, la destrucción de la sede simboliza un intento de borrado sistemático. La agencia no solo provee alimentos y salud; es el guardián de la memoria y los derechos de los refugiados. Al atacar a la UNRWA, Israel ataca la legitimidad de la existencia palestina en su propia tierra.

Celebración sobre los escombros

Mientras el polvo de los edificios diplomáticos se levantaba sobre Jerusalén, el ministro de Seguridad Nacional de extrema derecha, Itamar Ben Gvir, acudió al lugar para supervisar y celebrar la destrucción. «Este es un día histórico, un día de celebración», declaró Ben Gvir ante las cámaras, mientras una bandera israelí era izada sobre las ruinas de la propiedad de la ONU.

Esta retórica se alinea con la postura del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, que justificó la incautación alegando que «el complejo no goza de inmunidad» y calificando a la agencia humanitaria como «un invernadero para el terrorismo», a pesar de que investigaciones independientes, como la liderada por Catherine Colonna en 2024, no encontraron evidencia que sustentara las acusaciones masivas de infiltración de Hamás que Israel utiliza como pretexto.

Indignación global e impotencia

Desde Nueva York, el Secretario General de la ONU, António Guterres, exigió el cese inmediato de la demolición y la devolución de la propiedad, recordando que el recinto es «inviolable e inmune» bajo la Convención de 1949. Sin embargo, las palabras de la ONU chocan contra la realidad de los hechos consumados: Israel actúa como si tuviera carta blanca para reescribir la legalidad internacional.

La violencia no se limitó a Jerusalén. Simultáneamente, fuerzas israelíes atacaron con gases lacrimógenos el centro de formación profesional de la UNRWA en Qalandia y clausuraron centros de salud, dejando a miles de civiles sin servicios básicos.

La demolición de la sede de la UNRWA es más que la destrucción de un edificio; es la confirmación de que, en la actual coyuntura geopolítica, el Estado de Israel continúa ejecutando acciones que organismos de derechos humanos y el propio Gobierno Autónomo Palestino denuncian como parte de un genocidio en curso, donde la ayuda humanitaria es utilizada como arma de guerra y el derecho internacional ha quedado reducido a escombros.

Créditos y Fuentes: Con información de CNN (Hira Humayun, Abeer Salman), AP, Reuters, AFP, EFE y comunicados oficiales de UNRWA.


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