Fotografía: Funcionarios o policías que se nieguen a levantar denuncias también enfrentarán penas de cárcel e inhabilitación.
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En un paso decisivo para la protección de las víctimas de violencia de género, las Comisiones Unidas de la LXII Legislatura del Estado de México aprobaron reformas sustanciales al Código Penal que endurecen drásticamente las penas contra agresores sexuales. Bajo la nueva normativa, impulsada por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, el abuso sexual podrá castigarse con hasta 20 años de prisión, mientras que el hostigamiento alcanzará penas de hasta nueve años.

El dictamen marca un cambio de paradigma en la justicia estatal: ambos delitos se perseguirán ahora de oficio, obligando a las autoridades a actuar sin que la víctima tenga que ratificar constantemente su denuncia, y bajo una estricta perspectiva de género que considera los contextos de vulnerabilidad.

Abuso Sexual: Nuevos parámetros y agravantes

La reforma define el abuso sexual no solo como tocamientos sin consentimiento, sino también obligar a la víctima a exhibir su cuerpo o presenciar actos sexuales. La pena base será de hasta siete años de prisión.

Sin embargo, el castigo se elevará hasta los 20 años de cárcel cuando existan agravantes, tales como:

  • Que la víctima sea menor de edad o incapaz de resistir.
  • Uso de violencia física o psicológica.
  • Que el agresor tenga una relación de confianza o autoridad (familiares, maestros, médicos, sacerdotes, entrenadores o empleadores).

    Un punto crucial de la nueva ley es la definición de consentimiento: «No podrá presumirse consentimiento por el silencio, la pasividad o la falta de resistencia física de la víctima», cerrando así brechas legales que a menudo favorecían a los agresores.

    Hostigamiento y servidores públicos

    Para el delito de hostigamiento sexual —conductas no consentidas valiéndose de una posición jerárquica—, las penas oscilarán entre dos y seis años. No obstante, si el agresor es docente o servidor público, la pena aumentará y será destituido e inhabilitado.

    La reforma también pone la lupa sobre las instituciones: cualquier Ministerio Público o policía que disuada a una víctima de denunciar o se niegue a abrir la carpeta, enfrentará hasta seis años de prisión y la destitución de su cargo.

    Reparación integral

    Más allá del castigo, la ley busca la reeducación. Los sentenciados deberán asistir obligatoriamente a talleres con perspectiva de género y trabajar en favor de la comunidad como requisito para cualquier beneficio legal. Por su parte, el Estado deberá garantizar atención psicológica especializada a las víctimas hasta su total recuperación.


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