Entre cajas de mercancía, niños corriendo y consignas amplificadas por megáfonos, cerca de 150 integrantes de comunidades indígenas convirtieron este lunes el Paseo de la Reforma en su trinchera. La exigencia es clara y vital para su subsistencia: recuperar los espacios de venta para la temporada navideña que, aseguran, el Gobierno de la Ciudad de México pretende negarles este año.
Desde las 10:00 horas, contingentes del Movimiento de Indígenas Artesanos de la CDMX (M.I.A.), la Unión de Artesanos Indígenas del Centro Histórico (UAICH) y el Movimiento de Organizaciones Indígenas del País, se congregaron en el Ángel de la Independencia. Su marcha, documentada puntualmente por medios como La Prensa y la lente de la fotoperiodista Bere Luna, paralizó una de las arterias más importantes de la capital.
La disputa: Reforma vs. Zócalo
El conflicto radica en un cambio de reglas para la tradicional romería de fin de año. Francisco Zacarías de Jesús, representante de los artesanos, explicó que durante más de una década han ocupado el tramo de Reforma —desde la Lotería Nacional hasta la Estela de Luz— del 6 de diciembre al 6 de enero.
Sin embargo, este año las autoridades ofrecieron una alternativa que los comerciantes consideran inviable: instalarse en el Zócalo, pero únicamente por una semana, del 7 al 15 de diciembre.
⚠️¡EVITA LA ZONA! ⚠️
️Integrantes del Movimiento de Artesanos Indígenas de la CDMX se manifiestan para exigir espacios en Paseo de la Reforma durante la romería.
Denuncian que este año el gobierno no otorgó permisos por remodelaciones ⬇️ pic.twitter.com/Ulmny0zX9N— LA PRENSA (@laprensaoem) December 1, 2025
“Nosotros en Reforma, en un día, como hay extranjeros y es fin de año, alcanzamos a sacar de 500 hasta 5 mil pesos. No se compara con ningún otro espacio, y mucho menos el Zócalo en esas fechas, donde se pierde la esencia de la venta”, detalló Zacarías, señalando que la reubicación implicaría un golpe brutal a la economía de unas 2 mil familias.
“Limpieza social” y vivienda digna
La movilización no solo fue comercial, sino un grito contra la marginación. Los manifestantes rechazaron la narrativa de «reordenamiento y limpieza de calles» que esgrime la autoridad, calificándola como un acto discriminatorio que atenta contra la cosmovisión indígena del uso del espacio público.
“Nosotros no pedimos regalos, pedimos trabajar sin que nos corran. Dicen que nos van a reubicar y luego nada”, declaró una artesana a La Prensa mientras cargaba mercancía bajo el sol.
La marcha hizo una parada simbólica frente a las oficinas de UNICEF, donde desplegaron mantas exigiendo que los discursos de derechos humanos y protección a la infancia se traduzcan en realidad para las familias indígenas que viven en campamentos improvisados o condiciones precarias, esperando acuerdos de vivienda que nunca se materializan.
Tensión y negociación
Durante la protesta, que también tuvo eco en el Hemiciclo a Juárez y la avenida Izazaga, las autoridades capitalinas ofrecieron una mesa de diálogo con el secretario de Gobierno, César Cravioto, para el próximo miércoles. Aunque existe desconfianza por «mesas de trabajo sin resultados» previas, los líderes del movimiento analizan la propuesta.
Mientras tanto, la advertencia se mantiene: si no se respeta su derecho al trabajo y a la ciudad, las movilizaciones continuarán. Los artesanos se niegan a ser vistos como un estorbo en una metrópoli que ayudaron a construir culturalmente.

