La tarde de este miércoles, la lluvia volvió a convertir a la calle Paso Florentino, en la alcaldía Álvaro Obregón, en una trampa de asfalto. Un camión repartidor de la empresa Jarritos protagonizó el más reciente accidente en la infame pendiente conocida popularmente como «La Bajada del Diablo», al perder el control, derribar protecciones y terminar incrustado en la fachada de una vivienda particular.
Los hechos se registraron alrededor de las 19:15 horas en la colonia Ampliación La Cebada (colindante con La Mexicana). De acuerdo con los peritajes iniciales, el pavimento mojado, sumado al peso de la carga y la pronunciada inclinación de la vialidad, causó que el conductor perdiera la adherencia de los neumáticos, transformando el vehículo en un proyectil que solo se detuvo tras abrir un boquete en un domicilio.
El saldo del impacto
Aunque los primeros reportes sugerían saldo blanco, el alcalde de Álvaro Obregón, Javier López Casarín, actualizó la información confirmando que los servicios de emergencia atendieron a cuatro personas tras el siniestro.
Se brindó apoyo médico a tres adultos mayores de 85, 78 y 35 años (residentes del inmueble que sufrieron crisis nerviosa y golpes menores), así como a un hombre de 25 años, quien resultó policontundido. Afortunadamente, no se registraron pérdidas humanas.
Equipos de Protección Civil y Bomberos laboraron en la zona para mitigar el riesgo por el derrame de aceite y evaluar la estructura de la casa afectada. Tras la revisión, se determinó que, pese al aparatoso daño en la fachada, la estabilidad general de la construcción de dos niveles no está comprometida.
Una historia de colisiones
Paso Florentino se ha ganado a pulso los apodos de «La Bajada del Diablo» o «La Montaña Rusa». En redes sociales, cuentas vecinales han documentado decenas de accidentes —desde taxis hasta patrullas— que patinan sin control en este tramo de 300 metros de longitud.
«Anteriormente eran autos, hoy pasó con camiones. Ya informamos a las autoridades, pero esto sucede cada que llueve», declaró un testigo en el lugar, reflejando el hartazgo de los colonos que ven su seguridad amenazada con cada tormenta.
La zona permanece acordonada mientras se realizan las maniobras de retiro de la unidad pesada, lo que mantiene cerrada la circulación y en alerta a los vecinos de este punto crítico de la capital.

