El Partido Revolucionario Institucional (PRI), la maquinaria política que gobernó México durante siete décadas, vivió este lunes uno de sus capítulos más oscuros. La renuncia del senador Néstor Camarillo Medina a su militancia no fue solo una deserción más, sino el golpe que oficialmente degrada al PRI a la cuarta fuerza política en el Senado de la República y lo pone al borde de un hecho inédito: ser borrado de la Mesa Directiva de la Cámara Alta por primera vez en sus 96 años de historia.
Con la salida de Camarillo, la bancada priista se contrae a tan solo 13 senadores, siendo superada por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que ahora cuenta con 14 escaños. Este reacomodo de fuerzas es mucho más que un número: significa que el PRI perderá el derecho a ocupar la tercera vicepresidencia en la cúpula del Senado, un espacio de poder e influencia que había mantenido de forma ininterrumpida durante casi un siglo.
La jugada oculta: renuncia con miras a la gubernatura
En un video publicado en sus redes sociales, Camarillo, quien hasta hoy fungía como líder del PRI en Puebla, enmarcó su salida como una decisión para «abrazar una verdadera agenda ciudadana» y encabezar una «oposición responsable». Sin embargo, fuentes políticas señalan que detrás de su dimisión se esconde una ruta bien trazada: su aspiración a la gubernatura del estado poblanco en 3030 bajo los colores de Movimiento Ciudadano.
Según los trascendidos, el senador ya ha establecido vínculos con figuras clave del partido naranja en Nuevo León y contaría con el respaldo de la familia Morales en Puebla. Su plan consistiría en posicionarse como un perfil «fresco y joven» para tomar el control de MC en el estado y competir por la candidatura, dejando atrás la estructura de un PRI en ruinas.
Crónica de un desmoronamiento anunciado
La renuncia de Camarillo es el síntoma más reciente de la profunda crisis que vive el PRI bajo el liderazgo de Alejandro «Alito» Moreno. Lo que en esta legislatura comenzó como una bancada de 16 senadores, se ha desmoronado progresivamente. Primero con la expulsión de Manlio Fabio Beltrones, luego con la deserción de Cynthia López Castro hacia Morena, y ahora con la salida de Camarillo.
El partido descrito por analistas como «desfondado y sin rumbo» se enfrenta ahora no solo a su irrelevancia electoral, sino a la pérdida de espacios institucionales que eran considerados un bastión. La elección de la nueva Mesa Directiva este viernes sellará el destino del tricolor, que podría pasar de presidir la República a no tener ni un asiento en la cúpula que dirige el debate legislativo en el Senado.

