El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, confirmó este martes que la masacre en el bar Cantaritos, ocurrida el pasado sábado en Querétaro, donde 10 personas fueron asesinadas y 13 más resultaron heridas, está ligada a un conflicto entre grupos delictivos con vínculos en Guanajuato. Este ataque es el tercer evento de violencia en la región que se relaciona con enfrentamientos entre bandas criminales, según señaló Harfuch durante la conferencia matutina.
El funcionario explicó que el ataque de Querétaro tiene conexión directa con un tiroteo ocurrido el 7 de noviembre en un restaurante de la misma ciudad, que dejó tres muertos. Aunque evitó profundizar en los detalles de ambos incidentes, medios locales reportan que el segundo ataque tuvo lugar en el restaurante Mr. Barbas, en la colonia Centro Sur. Este establecimiento fue reubicado en Querétaro tras haber sido atacado previamente en Celaya, Guanajuato, en julio pasado, donde fallecieron dos personas.
Aunque las autoridades no mencionaron nombres de los cárteles involucrados, expertos en seguridad apuntan a la rivalidad entre el Cártel de Santa Rosa de Lima y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) como origen de estos enfrentamientos. Según el analista David Saucedo, la lucha por el control de actividades ilícitas, como el narcomenudeo y el huachicol, podría haber detonado los recientes ataques.
Uno de los objetivos del ataque del sábado, Fernando González, alias “La Flaca”, presunto operador del CJNG, murió en el lugar. De acuerdo con las autoridades, los agresores también buscaban a otro individuo, identificado como colaborador de La Flaca. Sin embargo, Saucedo destaca que la falta de escoltas de González y su corta edad, 31 años, podrían indicar que su importancia dentro del cártel era menor.
Implicaciones regionales
Querétaro, una entidad que durante años se mantuvo al margen de la violencia extrema, enfrenta ahora una escalada en los niveles de criminalidad atribuida a la incursión de cárteles que operan en Guanajuato. Harfuch subrayó que su dependencia trabaja en colaboración con las autoridades locales para detener la ola de violencia, al tiempo que reiteró el compromiso del gobierno federal con garantizar la seguridad en la región.
Mientras las investigaciones continúan, la masacre en Cantaritos deja un mensaje claro: la violencia del crimen organizado sigue cruzando fronteras estatales, amenazando la paz en zonas antes consideradas seguras.