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Cuando el fiscal especial que lo investigaba describió a Joe Biden, de 81 años, como un anciano bienintencionado con mala memoria, el presidente de Estados Unidos compareció indignado, pero arruinó su respuesta al confundir México con Egipto.

Este jueves, en torno a dos horas antes de comparecer en una rueda de prensa que se había convertido en un examen de capacidad cognitiva, Biden presentó en un acto de la cumbre de la la OTAN al presidente de Ucrania Volodímir Zelenski, como “presidente Putin”.

Con eso, la rueda de prensa empezaba con mal pie. Y en la respuesta a la primera pregunta se ha referido a Kamala Harris como “vicepresidente Trump”. Aun así, el presidente ha insistido en que es el más apropiado para batir a Donald Trump y en que se presentará a la reelección.

“No estoy en esto por mi legado. Estoy en esto para completar el trabajo que empecé”, ha dicho, defendiendo que lo que le aporta la edad es “sabiduría”.

La rueda de prensa ha empezado con un retraso de casi una hora. En ese plazo en que debería estar en marcha se veía a operarios hacer pruebas de imagen y decorado, cambiar cosas de sitio y moverse de un lado a otro nerviosos.

La Casa Blanca daba, sorprendentemente, una imagen de desorganización e improvisación muy alejada de la profesionalidad y solvencia con que se organiza un acto así. Y cuanto más se retrasaba el comienzo, más veces repetían las televisiones el error que Biden había cometido antes, amplificando su efecto. Al tiempo, el retraso alimentaba las especulaciones sobre que el presidente estuviera preparando el anuncio de su retirada.

Biden ha comparecido en un atril, con ocho banderas de Estados Unidos detrás y con la decoración propia de la cumbre de la OTAN, en la que se ha celebrado su 75º aniversario.

Parte del equipo del presidente, incluidos los secretarios de Estado, Antony Blinken, y de Defensa, Lloyd Austin, estaban sentados en primera fila.

En su intervención inicial, Biden se ha ayudado de las pantallas de teleprompter para leer. Ha sufrido algo de tos y carraspera, aunque ha logrado aclararse la garganta. En su intervención inicial ha hablado del papel de la OTAN frente a la invasión rusa de Ucrania y de su importancia para la seguridad de Estados Unidos.

Luego ha destacado la caída de la inflación, uno de los problemas que ha golpeado su popularidad durante todo su mandato. Este jueves se ha conocido que los precios cayeron en junio por primera vez en cuatro años.

A continuación, ha hablado de que sus medidas para asegurar la frontera han hecho caer las detenciones por cruces ilegales a menos de la mitad en las últimas semanas. Y luego ha defendido su política en Gaza.

Tras una intervención de unos siete minutos y medio, ha dado paso a las preguntas. De nada servía levantar la mano. Los turnos estaban previamente adjudicados y Biden los iba leyendo de una lista.

La primera ha sido sobre su decisión de presentarse a la reelección y sobre la capacidad de la vicepresidenta, Kamala Harris, para sustituirle. Ahí es cuando ha dicho que no habría elegido al “vicepresidente Trump” [en referencia a Harris] si no tuviera cualificación para sustituirle. Su rival se ha burlado enseguida a través de su red social: “¡Gran trabajo, Joe!”, ha escrito Trump en Truth Social.

Al margen de ese lapsus, del previo sobre Zelenski y de algún otro (como Europa por Asia), Biden ha vadeado relativamente bien las preguntas de los periodistas, aunque quizá extendiéndose demasiado en disquisiciones de política exterior que no llegan al ciudadano.

En todo momento ha dejado claro que su voluntad sigue siendo presentarse a la reelección, que va a dar la batalla y que aspira a derrotar a Trump. “Le gané una vez, y le volveré a ganar”, ha dicho.


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