La era de la ropa de «usar y tirar» tiene los días contados en la capital. El pleno del Congreso de la Ciudad de México aprobó este martes un dictamen clave para frenar el devastador impacto ambiental del «fast fashion», un modelo de negocio que ha convertido a la industria de la moda en una de las más contaminantes del planeta.
Con esta reforma a la Ley de Residuos Sólidos, se reconoce por primera vez el concepto de «residuos textiles» y se otorgan facultades directas a la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) y a las 16 alcaldías para atacar el problema. A partir de ahora, estas autoridades deberán diseñar y ejecutar programas para la recolección de ropa, calzado y otros textiles usados, con el fin de canalizarlos hacia el reciclaje, la reutilización o, en última instancia, una disposición final adecuada.
El «fast fashion» o moda rápida se caracteriza por una producción masiva y acelerada de prendas a bajo costo, lo que fomenta un ciclo de consumo desmedido y desecho constante. Este modelo tiene un costo ambiental altísimo: consume millones de litros de agua, genera toneladas de desechos y, según datos de Greenpeace, es responsable de liberar aproximadamente 500 mil toneladas de microplásticos en los océanos cada año.
La diputada Elvia Estrada Barba, del Partido Verde e impulsora de la iniciativa, fue contundente al señalar la urgencia de la medida. «La contaminación por prendas provenientes del fast fashion es cada vez mayor, afectando nuestros cuerpos de agua, espacios de gestión integral de residuos y nuestra cotidianidad», afirmó.
#ÚLTIMAHORA El #CongresoCDMX aprobó el dictamen con modificaciones, por el que se aprueba, la iniciativa con proyecto de decreto por el que se adicionan diversas disposiciones a la Ley de Residuos Sólidos del DF, en materia de residuos textiles ( #FastFashion )
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— Congreso Tv (@congresotv212) August 18, 2025
La nueva legislación no solo se enfoca en la recolección, sino también en la prevención. La Sedema deberá impulsar campañas de concientización ciudadana para promover una cultura de intercambio y reutilización, y estará facultada para firmar convenios con la industria textil y comercial para desarrollar conjuntamente soluciones sostenibles.
Con esta aprobación, la Ciudad de México se alinea con tendencias globales en países como Francia, que ya consideran este fenómeno una emergencia ambiental, y da un paso firme hacia la consolidación de una verdadera economía circular.

