Fotografía: Activistas y vecinos de Coyoacán la señalan como una "asesina serial de mascotas", con un presunto historial de violencia que se extendería por más de dos décadas.
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Entre lágrimas de alivio y el estruendo de una batucada de celebración, Esmeralda Yarce emergió del Tribunal Superior de Justicia de la CDMX con una noticia que esperó por meses: «¡La vincularon a proceso!». Flor «N», la mujer de 77 años apodada por vecinos como la «Mataperros de Coyoacán», finalmente enfrentará a la justicia por su presunta responsabilidad en la muerte de «Moni», la perrita de 16 años de Esmeralda.

La decisión del juez Júpiter López Ruiz marca un hito en la lucha contra la crueldad animal en la capital. Se trata de un caso que escaló gracias a la presión ciudadana y que ahora se perfila como un posible parteaguas judicial, al ser la primera carpeta de investigación por este delito, iniciada por una ciudadana sin intervención de instituciones, que alcanza esta fase procesal.

«Que ya descanse en paz mi gorda»
, declaró Esmeralda con la voz entrecortada, aferrándose a la urna con las cenizas de su mascota. «Se lo dije anoche, mañana es el día, vamos con todo. Y venía muy tranquila y muy segura como si ella viniera conmigo».

El modus operandi de una presunta depredadora

La pesadilla comenzó el 27 de mayo de 2024. «Moni», una perrita geriátrica, prácticamente ciega y sorda, salió por accidente de su hogar en la colonia Ciudad Jardín, Coyoacán. Tras días de búsqueda, un aviso anónimo condujo a Esmeralda y a sus allegados al número 101 de la avenida Xotepingo, el domicilio de Flor «N».

Las pistas encajaron de forma aterradora. Un video de seguridad, hoy prueba clave, mostraba a la acusada ingresando al complejo residencial con «Moni» atada por el cuello. Guiados por la misma fuente anónima, el grupo escarbó con sus propias manos en un jardín comunal, a pocos metros de la ventana de Flor «N», donde encontraron el cuerpo sin vida de la perrita.

La necropsia reveló la brutalidad del acto: «Moni» murió por un «choque neurogénico (dolor) e hipovolémico (pérdida de sangre)», provocado por golpes con un objeto romo. A pesar de ser confrontada con el video, la señora negó toda implicación.

Un cementerio clandestino y décadas de impunidad

El caso de «Moni» destapó una historia mucho más oscura. «Definitivamente es una asesina serial de mascotas», afirmó la activista Zyanya Polastri, quien ha acompañado a Esmeralda desde el inicio. Según testimonios de vecinos, el jardín donde fue hallada «Moni» podría ser un cementerio clandestino.

Los relatos son escalofriantes. Vecinos aseguran que Flor «N» operó durante décadas bajo la fachada de ser «activista y veterinaria» para atraer animales y luego desaparecerlos. Un trabajador de limpia confirmó a la Fiscalía que la mujer le pagó durante años para que se deshiciera de cadáveres de perros y gatos.

«A mi perra la maltrató hace 25 años. O sea, este odio por los animales tiene por lo menos 25 años», confesó una vecina que pidió el anonimato, evidenciando un patrón de violencia que se mantuvo impune por falta de pruebas contundentes.


Hacia una sentencia ejemplar

Flor «N» llevará su proceso en libertad debido a su avanzada edad, una medida cautelar que no desalienta a los denunciantes. La próxima audiencia está fijada para el 22 de septiembre, y tanto la defensa legal de Esmeralda, encabezada por el abogado Julio Javier Mejía Mariscal, como los colectivos animalistas, confían en obtener una sentencia ejemplar.

De lograrse una condena, el caso «Moni» no solo representaría justicia para una víctima, sino que sentaría un precedente fundamental, demostrando que la ciudadanía organizada puede llevar a los maltratadores de animales ante la justicia y conseguir que paguen por sus actos.


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