Fotografía: El oficial de la PBI narra su proceso de transición, el temor a perder su empleo y el sorpresivo y cálido apoyo que recibió de la corporación.
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Cuando Orel Morales Goya decidió vivir, plenamente, como el hombre que siempre ha sido, el miedo fue su primera sombra. El temor a perder su vocación de servicio, su trabajo de siete años en la Policía Bancaria e Industrial (PBI), lo invadía. Sin embargo, en lugar del rechazo que anticipaba, encontró una institución que lo arropó y lo convirtió, sin planearlo, en un símbolo histórico.

Hoy, Orel Morales es reconocido como el primer policía, abiertamente, transgénero de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la Ciudad de México, una historia de valentía que derriba estereotipos desde el interior de las fuerzas del orden.

“He recibido mucho apoyo desde que yo asumí esta identidad de género, estoy súper contento”, explica Orel en entrevista, aún con la emoción a flor de piel. “Me han recibido de la manera más cálida y empática, la verdad es que yo no lo imaginé… estoy muy agradecido”.

Su camino de autodescubrimiento comenzó en la adolescencia. “Desde muy pequeño nunca me gustaron las cosas de niñas y empecé a sentir atracción por las mujeres”, recuerda. Inicialmente se identificó como mujer lesbiana, pero la sensación de que algo más profundo faltaba persistía. “Me gustaba que me dijeran joven, muchacho… fue cuando entendí que necesitaba algo más, que realmente era un hombre”.

Hace dos años y medio, esa certeza lo llevó a buscar apoyo profesional en la Unidad de Medicina Integral para Personas Trans del Gobierno capitalino. Al regresar de una incapacidad, comunicó a sus superiores que iniciaba una terapia de reemplazo hormonal. La respuesta lo desarmó. Aunque el personal administrativo admitió no conocer el protocolo exacto, la instrucción de sus mandos fue clara: apoyarlo en todo lo necesario una vez que presentara sus documentos legales corregidos.

“Todos han sido muy simpáticos, amables y respetuosos”, reitera Orel.

Para él, este cambio ha sido liberador. Asegura que su esencia no se ha alterado y que su compromiso con la ciudadanía sigue intacto. “Cambió nada más mi identidad de género, sigo siendo la misma persona alegre, la misma persona relajienta, atrabancada, trabajadora”, afirma con una sonrisa.

Ahora, consciente de su rol como pionero, Orel hace un llamado a visibilizar estos casos para que más personas trans se animen a seguir una vocación de servicio sin miedo. Reconoce que su historia es un parteaguas.

Cuando se le pregunta qué le diría a su «yo» de 15 años, lleno de dudas y temores, su respuesta es firme y esperanzadora: “Que no se preocupe, que todo va a salir a nuestro favor. Que la gente poco a poco se va a dar cuenta de que esto es algo bastante normal y que existimos”.


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