El documento entregado a la autoridad bursátil estadounidense detalla que Pemex ha formalizado y modificado convenios para reestructurar los saldos vencidos. Bajo este esquema, los proveedores recibirán pagos trimestrales de capital e intereses, transformando obligaciones de corto plazo en una deuda de casi una década.
Hasta el 31 de octubre de 2025, el monto sujeto a estos convenios modificatorios alcanzaba los 29 mil 236 millones de pesos, lo que representa aproximadamente el 5.6% del total del pasivo con proveedores. Sin embargo, la petrolera admite que opera con capital de trabajo negativo y que sus flujos de efectivo operativos han sido insuficientes para cubrir gastos corrientes y proyectos de inversión, obligándola a depender del endeudamiento y las inyecciones de capital del Gobierno Federal.
En términos de dólares, Pemex estima que sus adeudos comerciales superan los 100.3 mil millones, consolidándose como una de las petroleras más endeudadas del mundo. Esta asfixia financiera ha detonado un aumento en controversias comerciales y juicios mercantiles, presionando a miles de empresas de servicios, ingeniería y mantenimiento que dependen de estos flujos para subsistir.
La defensa oficial: «Está perfectamente garantizado»
Frente a este escenario, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo salió al paso para respaldar la gestión de la petrolera. Desde Cuernavaca, Morelos, la mandataria aseguró que existe una estrategia conjunta con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para blindar los pagos.
“Está perfectamente garantizado en la planeación de Pemex; fue un trabajo muy minucioso que se hizo en una reunión permanente que tenemos una o dos veces a la semana”, declaró Sheinbaum.
La jefa del Ejecutivo explicó que se ha diseñado un instrumento financiero especial, con la participación de Banobras y Nacional Financiera (Nafin), para asegurar no solo el pago de pasivos, sino también la inversión programada para 2026. Sheinbaum destacó que, gracias al apoyo de Hacienda, las calificadoras internacionales mejoraron la nota crediticia de la empresa el año pasado, lo que le otorga mayor solidez para enfrentar sus compromisos.
Entre promesas y realidades
La reestructuración a ocho años contrasta con las promesas de agilización de pagos realizadas a lo largo de 2025. En diversas ocasiones, el gobierno federal aseguró que los adeudos quedarían cubiertos en plazos breves —primero en marzo, luego en mayo—, sin embargo, la realidad financiera ha obligado a postergar la liquidación total.
Para 2026, la administración federal apuesta a que los nuevos mecanismos financieros y la supervisión estricta de Hacienda permitan a Pemex mantener su operación en áreas clave como refinación y petroquímica, mientras los proveedores deberán ajustarse a un calendario de pagos que se extiende mucho más allá del sexenio actual.

