Más allá de apagar las llamas, la misión fue sanar la tierra. Tras un despliegue operativo que inició el pasado 21 de enero, la delegación mexicana conformada por 145 combatientes y técnicos especializados ha dado por finalizada su labor humanitaria en Chile, dejando tras de sí no solo incendios controlados, sino un nuevo estándar en la recuperación de ecosistemas forestales.
El contingente, una fuerza de tarea conjunta entre la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) y la Comisión Nacional Forestal (Conafor), operó en las zonas cero de la emergencia: las regiones de Biobío y La Araucanía. Allí, la crisis de incendios ha dejado un saldo doloroso de más de 20 mil damnificados y al menos 21 fallecidos, un escenario que exigió la máxima pericia de los especialistas mexicanos.
Innovación en el Parque Nacional Nonguén
Si bien el combate directo —apertura de brechas cortafuego, liquidación de puntos calientes y patrullajes— fue vital para proteger infraestructura y vidas, el valor agregado de esta misión radicó en la post-emergencia.
En el Parque Nacional Nonguén, las siete brigadas mexicanas implementaron un modelo de restauración ambiental que sorprendió a las autoridades locales. Mediante el reacomodo estratégico de material vegetal, la distribución de combustibles y la construcción de zanjas en pendientes, se logró mitigar la erosión y favorecer la retención de agua.
Así fue la llegada del contingente mexicano luego de 20 días de combate en Biobío, Ñuble y La Araucanía en Chile.
Reconocemos su entrega, profesionalismo y la coordinación con las instituciones chilenas. pic.twitter.com/DJmzTiTE0J
— CONAFOR (@CONAFOR) February 12, 2026
La Corporación Nacional Forestal de Chile (Conaf) calificó estas maniobras como de «alto valor técnico» y ya analiza su réplica en otras zonas devastadas del país andino.
Liderazgo y seguridad: el sello mexicano
La misión también rompió paradigmas en la estructura de mando. Dos de las brigadas estuvieron comandadas por mujeres, destacando el rol de Jessica Espinoza Romero, líder de brigada de la Conafor.
“La parte que yo desarrollo es coordinarme con las personas que trabajan aquí en Chile bajo el sistema de comando de incidentes; es una posición muy importante porque de nosotros depende su seguridad”, explicó Espinoza Romero, subrayando la responsabilidad de dirigir a 19 combatientes en situaciones de riesgo extremo.
El intercambio de conocimientos fue bidireccional. Se realizaron talleres especializados sobre el uso ergonómico de motosierras y evaluación de árboles peligrosos. Las técnicas mexicanas de traslado de equipo y detección de riesgos despertaron especial interés entre sus pares chilenos por aumentar la eficiencia y seguridad operativa.
Hermandad ante el fuego
Para los brigadistas, el despliegue fue más que un trabajo técnico. Ismael Torres Delgado, de la gerencia de manejo del fuego de la Conafor, resumió el sentir del grupo: “Lo hacemos porque nos gusta la protección de los ecosistemas, porque puedes sumar a esa labor tan noble y porque tenemos ese espíritu de servicio”.
La despedida, encabezada por autoridades regionales del Biobío, selló un capítulo más en la historia de solidaridad entre México y Chile, confirmando que ante la emergencia climática, la cooperación no tiene fronteras.

