POR MOISÉS ÁVILA / AFP
El miedo se sirve en platos fríos en la taquería «Los Primos». Su dueño, Oscar García Santaella, un empresario mexicano de 54 años, ve cómo su negocio se apaga lentamente. Una de sus empleadas ya no va a trabajar por pánico a ser detenida y su clientela, mayoritariamente latina, prefiere no salir de casa. La causa: las constantes redadas de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE), conocida como la ‘migra’, que han sembrado el terror en la comunidad.
«Estuvieron una semana [haciendo redadas] en un complejo de apartamentos cercano. Y tanto esa semana como la siguiente no tuvimos venta. Estuvo muy mal, porque la gente tenía temor de salir», relata García. El impacto fue inmediato y personal. «Una empleada que vive allí nos llamó para decirnos que no podía ir a trabajar porque llegó migración y se llevó a uno de sus primos. Sí, nos está afectando directamente», confiesa.
Lo que sucede en su local de Houston, con sus tacos y quesadillas ya arraigados en la cultura texana, es un reflejo de una crisis más amplia. «Nuestras ventas han bajado un 40%», lamenta Oscar, quien asegura que amigos suyos en otras ciudades de Estados Unidos enfrentan la misma realidad.
Un impacto económico cuantificable
La percepción de Oscar es respaldada por cifras contundentes. Según la Asociación de Restaurantes de Texas, solo en el último trimestre, el 23% de sus miembros perdió empleados, el 21% recibió menos solicitudes de trabajo y el 16% vio una disminución en su clientela. En un estado donde el 40% de la población es latina y su consumo es un motor económico, la ausencia de esta comunidad en las calles se traduce en una amenaza directa para la estabilidad de miles de negocios.
El problema escala a otros sectores vitales como la construcción y la agroindustria, que dependen de la mano de obra inmigrante. «Somos víctimas de nuestro propio éxito», explica Kelsey Erickson Streufert, portavoz de la asociación. «Muchos restaurantes, ranchos y granjas no tienen suficientes empleados. Y el resultado es que la comida cuesta más».
Una solución sobre la mesa
Frente a la crisis, líderes empresariales le han propuesto al presidente Donald Trump una solución pragmática: crear permisos de empleo temporal para inmigrantes en el sistema alimentario. «No hablamos de amnistía, sino de la posibilidad de ocupar un puesto vacante, pagar impuestos y cumplir la ley», aclara Streufert, argumentando que beneficiaría a todos los estadounidenses con acceso a servicios y alimentos más asequibles.
Esta propuesta choca frontalmente con la retórica del mandatario, quien ha prometido deportaciones masivas y ha calificado a los inmigrantes de criminales. Una visión que contrasta con la de empresarios como Oscar, que los defiende como el pilar de su industria. «Te podría garantizar que el 95% de la gente que he conocido en el restaurante son gente honorable, trabajadora. Es gente que va de su casa al trabajo, y del trabajo a la casa», asegura.
Mientras el debate político se intensifica, el aporte de la comunidad inmigrante sigue siendo un pilar fiscal. Solo en 2022, los trabajadores indocumentados pagaron casi 97 mil millones de dólares en impuestos, una cifra que evidencia su crucial participación en la economía que hoy se ve amenazada por el miedo.

