El pulso de la Ciudad de México se enfrenta a una prueba de fuego este lunes 13 de abril. En el marco del regreso a clases, periodo en el que millones de estudiantes y trabajadores retoman sus actividades cotidianas y saturan el transporte público, la tensión al interior del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro ha alcanzado un punto crítico. Los integrantes del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo (SNTSTC) han dejado clara su postura: continuarán y escalarán sus manifestaciones de «brazos caídos» y negativa a cubrir horas extra hasta que sus peticiones estructurales, operativas y laborales sean cabalmente atendidas por el Gobierno de la Ciudad de México.
La advertencia de los trabajadores no es menor, y pone en el centro del debate público la urgencia de garantizar un servicio que cumpla con los estándares de seguridad y calidad que demandan los millones de pasajeros diarios. Tal como lo ha documentado la cadena N+, el gremio sindical ha insistido en que las protestas que iniciaron de manera escalonada la semana pasada son apenas la punta del iceberg de un hartazgo generalizado frente a condiciones de operación que califican de inaceptables y altamente riesgosas.
Las demandas de la base trabajadora: Seguridad antes que estética
El conflicto actual trasciende con creces la tradicional exigencia de un aumento salarial —que en esta ocasión se sitúa en un 6% con compactación de tabuladores—. El núcleo del pliego petitorio es un grito de auxilio por la viabilidad del STC. De acuerdo con información recabada por Luz Coello para Infobae y reportes de El Independiente, los trabajadores denuncian condiciones de operación que ponen en riesgo la integridad física tanto del personal operativo como de los usuarios.
Entre las demandas más apremiantes destaca la exigencia de un mantenimiento integral y permanente a trenes, vías e instalaciones fijas. Los agremiados se oponen tajantemente a la ejecución de trabajos que consideran innecesarios, como el embellecimiento superficial de estaciones, cuando las entrañas mecánicas y eléctricas del sistema están fallando. Además, exigen que se cancele la construcción de una calzada elevada paralela a la Línea 2, argumentando que dicha obra compromete severamente la seguridad de las instalaciones del Metro.
El sindicato, como recoge puntualmente Eje Central en la revisión de sus comunicados, también solicita que el propio personal del Metro realice los trabajos de modernización en las líneas 1, 2, 3 y A, argumentando que cuentan con la experiencia y capacidad necesarias, lo que además representaría un ahorro al evitar la subcontratación de empresas externas de procedencia y acreditación legal dudosa. Asimismo, exigen la reactivación plena del Cendi de Tláhuac en beneficio de los hijos de los trabajadores, y demandan que los subsidios otorgados a grupos vulnerables sean absorbidos por el Gobierno central y no extraídos del presupuesto del STC, lo cual asfixia sus ya comprometidas finanzas.
El viernes negro: Un preludio del caos
Para comprender la magnitud de lo que se avecina este lunes, es necesario voltear a ver el saldo del pasado viernes 10 de abril. Según los datos duros desglosados por Kevin Ruiz en La Jornada y Carolina García en La Silla Rota, la primera jornada de protesta —consistente en la negativa de los empleados a laborar tiempo extraordinario— dejó una cicatriz profunda en la movilidad metropolitana: 759 recorridos (vueltas) dejaron de realizarse en un solo día.
Esta cifra equivale prácticamente a paralizar la operación diaria completa de varias líneas. Del total de vueltas perdidas, el sindicato detalló que 557 fueron consecuencia directa de la falta de personal en los relevos, mientras que 202 no se pudieron llevar a cabo por la alarmante carencia de materiales y refacciones para operar los convoyes.
La Línea 3 (Indios Verdes – Universidad) fue el epicentro del colapso, concentrando 99 de las vueltas perdidas por ausentismo. Le siguieron en nivel de afectación la Línea B con 79 vueltas canceladas, la Línea 6 con 73, y la Línea 9 con 54. Los andenes rebasados, los tiempos de espera de hasta 50 minutos y la frustración generalizada fueron la constante documentada durante ese «viernes negro».
A pesar de los intentos previos del director del Metro, Adrián Rubalcava, por apaciguar las aguas asegurando que las negociaciones estaban avanzadas y que el servicio operaría con normalidad en las 12 líneas —como relató Marco Hernández Cazares en El Universal—, la realidad en los andenes demostró que la fractura entre la administración y la base trabajadora es profunda. De 250 trenes programados para operar, solo 153 lograron salir a circulación, evidenciando la dependencia absoluta del sistema hacia las horas extras de su personal.
La crisis mecánica y el freno presupuestal
El telón de fondo de esta parálisis operativa es una crisis mecánica sin precedentes, alimentada por lo que el sindicato califica como una «retención injustificada» de recursos. Los trabajadores han señalado directamente al secretario de Finanzas de la capital, Juan Pablo de Botton, acusándolo de dar largas y evasivas en las mesas de negociación y de no dispersar de manera puntual el presupuesto previamente autorizado por el Congreso de la Ciudad de México.
Las cifras reveladas por el Comité Ejecutivo Nacional del SNTSTC, y destacadas por Leonardo Lugo V. en Publimetro, son escalofriantes. De un parque total de 391 trenes en la red, el 70% no ha recibido el mantenimiento general correspondiente, acumulando más de 2 millones de kilómetros recorridos cuando el límite técnico para una revisión mayor es de 750 mil kilómetros. Además, el 30% del parque vehicular operante recibe apenas un mantenimiento «parcial» o incompleto.
A este escenario, analizado también por Fernando Huacuz en La Crónica de Hoy, se suma el hecho de que 84 trenes se encuentran arrumbados en los talleres del STC, inmovilizados por la simple falta de refacciones. Según las denuncias gremiales, la red sobrevive actualmente con apenas 68 trenes en óptimas condiciones, los cuales se concentran casi en su totalidad en las Líneas 1 y 12. Las instalaciones fijas, muchas con más de medio siglo de antigüedad, sufren un deterioro constante, y las vías enfrentan un desgaste severo que no puede ser mitigado sin el presupuesto etiquetado exigido.
Los trabajadores del @MetroCDMX @SNTSTC_Metro les informamos, que seguimos y seguiremos alzando la voz hasta que el servicio que tiene a su cargo el @MetroCDMX cumpla con los estándares de seguridad y calidad que merecen los millones de pasajeros que lo usan a diario, por lo que… pic.twitter.com/UAywPlZFN1
— Martin Sandoval (@martsandoval) April 11, 2026
El impacto de este deterioro no solo compromete la rutina del capitalino promedio hoy, sino que enciende focos rojos a mediano plazo. Líneas estratégicas que hoy se ven ahorcadas por la falta de mantenimiento y refacciones, como la Línea 2 y la Línea 3, serán arterias vitales de conectividad rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Lunes de incertidumbre: Alternativas y recomendaciones
Mientras el servicio durante el fin de semana operó con relativa normalidad, el mensaje del sindicato para este inicio de semana ha sido contundente: «Reanudamos nuestras protestas el próximo lunes. Y si no responden, aumentaremos las mismas». El gremio exige respuestas formales, claras, rápidas y por escrito, directamente de las autoridades del STC, rechazando la dispersión del diálogo en otras áreas del gobierno.
Para este lunes de regreso a clases, se proyecta un escenario de alta volatilidad en la movilidad. Si bien no se ha especificado un horario de inicio para el recrudecimiento del paro ni las líneas que encabezarán la protesta, el patrón de comportamiento sugiere que las Líneas 3, B, 6, 9, 1 y 2 podrían ser nuevamente las más castigadas.
Se hace un llamado urgente a la ciudadanía que depende de este medio de transporte a planificar sus traslados con al menos 40 minutos de anticipación. Es vital explorar rutas alternas utilizando la red de Metrobús, los corredores de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) y el Trolebús, especialmente en las horas pico de la mañana y la tarde.
Los trabajadores del Metro han pedido la comprensión y el apoyo solidario de los usuarios, argumentando que esta lucha busca evitar una tragedia mayor y dignificar un servicio que ha sido abandonado. Hoy, la pelota está en la cancha de las autoridades capitalinas, quienes deberán decidir entre liberar los recursos técnicos y financieros que exige la base operativa, o asumir el costo político y social de mantener a la Ciudad de México paralizada en uno de los días de mayor afluencia del año.

