En medio de la ola de violencia que asfixia a la capital sinaloense, una nueva tragedia ha sacudido a la sociedad: el asesinato de Ricardo Mizael López Cebreros. No era un criminal, ni estaba en el lugar equivocado a una hora imprudente; era un niño de 15 años que salió de casa la mañana del miércoles con una misión llena de inocencia: comprar un biberón para alimentar a unos gatitos que había rescatado un día antes.
Los hechos ocurrieron el 11 de febrero, alrededor de las 10:00 horas, en el fraccionamiento Los Ángeles. Ricardo caminaba rumbo a una farmacia cuando fue interceptado por sujetos armados que abrieron fuego en su contra, arrebatándole la vida al instante.
“Me arrebataron el corazón”
Ante las primeras versiones que sugerían que el joven viajaba en motocicleta o que estaba involucrado en actividades ilícitas, su familia alzó la voz con dolor y rabia. A través de redes sociales, Bertleny Higuera, padrastro del menor, publicó un mensaje desgarrador desmintiendo cualquier vínculo delictivo y aclarando que Ricardo no sabía conducir moto.
“Es muy fácil decir ‘¿en qué andaría metido?’. Él solo iba a comprar un biberón a la Farmacon para unos gatos que había rescatado… Se le hizo fácil salir a las 10 AM, a plena luz del día, y unos animales —porque eso son— lo confundieron, porque ellos mismos lo dijeron”, escribió el familiar.
El padre también denunció el trato recibido por las autoridades en la escena del crimen, señalando que, lejos de recibir apoyo, fue amenazado con ser detenido por cuestionar la falta de seguridad en una ciudad donde «cualquier persona puede llegar, asesinar e irse sin problema».
Una promesa del deporte apagada
Ricardo Mizael no solo era un hijo amado, sino un estudiante destacado de la Preparatoria Emiliano Zapata y un talentoso jugador de básquetbol que defendía los colores de las Águilas de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).
El rector de la institución, Jesús Madueña Molina, expresó sus condolencias y exigió justicia ante la pérdida de un miembro de la comunidad universitaria. Como homenaje, sus compañeros de preparatoria guardaron un minuto de silencio la mañana de este jueves.
Víctimas colaterales de una guerra interna
El ataque contra Ricardo no fue aislado. Durante la agresión, una mujer que trabajaba en una taquería cercana resultó herida por una bala perdida y se reporta en estado grave.
Este crimen se suma a la estadística roja de Culiacán, que cerró el 2025 con un incremento del 67% en homicidios dolosos debido a la pugna entre facciones del Cártel de Sinaloa. La muerte de Ricardo Mizael resalta la vulnerabilidad de la población civil, atrapada en un conflicto donde salir a la tienda se ha convertido en una actividad de alto riesgo.
Hasta el momento, la Fiscalía General del Estado (FGE) no ha reportado detenidos por este homicidio que ha dejado a una familia destrozada y a una ciudad exigiendo paz.

