Fotografía: Activistas lanzan una campaña de GoFundMe para cubrir los gastos médicos y de manutención.
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«Nunca tuve problemas con la ley hasta el mes pasado, cuando ICE aplastó mi cráneo». Con estas palabras, Alberto Castañeda Mondragón rompe el silencio en una carta abierta que ha cobrado relevancia mundial gracias al trabajo de investigación de la agencia The Associated Press (AP).

La historia de este migrante mexicano de 31 años, quien sufrió ocho fracturas craneales durante una detención en enero, fue documentada detalladamente por el periodista Jack Brook. Su reportaje no solo evidenció las contradicciones de los agentes federales —quienes alegaron que Alberto se autolesionó contra una pared—, sino que sirvió de puente vital para que activistas locales pudieran localizarlo y ofrecerle ayuda.

La conexión periodística que salvó una vida

Andy Dreyfuss, co-organizador de la campaña de ayuda humanitaria en Minneapolis, confirmó que fue a través de Brook y la AP que lograron conectarse con Alberto para cubrir sus necesidades básicas. «Esperábamos esperar, pero Jack publicó su artículo y queríamos asegurarnos de que la gente supiera que había una forma de ayudar», explicaron los activistas, quienes buscan recaudar 100 mil dólares para los gastos médicos y de manutención de la víctima, imposibilitada para trabajar.

https://www.gofundme.com/f/alberto-castaneda-mondragon?attribution_id=sl:af50b091-f0b4-4a12-80c1-c34a0be73666&ts=1770494110&utm_campaign=pd_ss_icons&utm_content=amp17_te&utm_medium=customer&utm_source=copy_link

El relato de un padre veracruzano

En su testimonio, facilitado tras la cobertura de la AP, Alberto narra con dolor cómo la violencia de los agentes borró sus recuerdos más preciados. «Desde entonces he perdido muchas memorias… preciosas, como las de mi hija, mis padres, mi hermano. No sé por qué ICE me hizo esto», escribió.

Originario de Tlapacoyan, Veracruz, Alberto describe su vida antes de la tragedia: el trabajo en los campos de plátano dominico, las enseñanzas de su padre y la decisión de emigrar legalmente con una visa de trabajo ante la crisis económica en su tierra.

«La vida te da malos momentos… es un viaje largo cuando dejas tu pueblo, las horas lentas, las ganas de llorar», relató. Su único objetivo era proveer para su hija de 10 años y su padre enfermo. «No me importa sufrir yo mismo, si los veo a ellos sonreír y estar bien».

Verdad contra impunidad

El reportaje de The Associated Press destacó que los médicos desestimaron la versión de ICE sobre un «choque accidental», señalando que las lesiones eran consistentes con una golpiza severa. Hoy, gracias a esa presión mediática, el caso de Alberto no ha quedado en el olvido.

Aunque el miedo persiste —»te quedas con la pesadilla de ir a trabajar y que te detengan»—, Alberto se aferra a la solidaridad que despertó su historia: «Es una suerte inmensa haber sobrevivido… Para mí, es la mayor suerte del mundo».


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