Fotografía: El mandatario estadounidense anuncia un "acuerdo marco" con la OTAN para establecer enclaves militares permanentes en el Ártico. Crédito de la imagen a quien corresponda.
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«No tengo que usar la fuerza, no quiero usar la fuerza, no usaré la fuerza». Con esa contundencia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, definió este miércoles desde el Foro Económico Mundial su victoria geopolítica sobre el Ártico. En un discurso que mezcló alarde de poder con pragmatismo diplomático, el mandatario anunció un «acuerdo marco» con la OTAN sobre Groenlandia que hace innecesaria cualquier intervención militar directa, pues el pacto, según sus propias palabras, ya le otorga a Washington «todo» lo que buscaba para su seguridad nacional.

Este movimiento estratégico desactiva, por el momento, la temida invasión o compra forzosa del territorio danés, pero consolida la hegemonía estadounidense en el polo norte. Como moneda de cambio inmediata, Trump confirmó la suspensión de los aranceles que debían entrar en vigor el 1 de febrero contra ocho países europeos, aliviando la tensión en los mercados transatlánticos.

Dominio sin disparar un tiro

La retórica de Trump en Davos sugiere que el poder de negociación estadounidense es tal que la fuerza bruta se vuelve obsoleta. Aunque el texto oficial del acuerdo no se ha publicado, filtraciones citadas por The New York Times y funcionarios de la OTAN indican que el pacto otorga a EE. UU. una «soberanía funcional» sobre áreas específicas de Groenlandia.

El esquema replicaría el modelo de las bases soberanas del Reino Unido en Chipre: enclaves dentro de la isla que pasarían a estar bajo jurisdicción estadounidense para operar el escudo antimisiles «Golden Dome» (Domo Dorado). Mark Rutte, secretario general de la OTAN, fue pieza clave en la negociación para asegurar que este despliegue sirva también para bloquear definitivamente la «presencia económica o militar» de China y Rusia en la región, a quienes Trump calificó de rivales estratégicos.

Europa: Entre la espada y la pared

El anuncio fue recibido en Europa con una cautelosa sensación de respiro. La amenaza de una guerra comercial total se ha disipado, pero el precio político ha sido alto. En una muestra de dignidad herida, el Parlamento Europeo en Estrasburgo suspendió casi simultáneamente la ratificación del acuerdo comercial con EE. UU. (pactado previamente en Turnberry).

Bernd Lange, presidente de la Comisión de Comercio de la Eurocámara, declaró que las amenazas territoriales contra Dinamarca —un estado miembro— rompieron la confianza. «No habrá posibilidad de compromiso hasta que cesen las amenazas», afirmó, aunque el anuncio posterior de Trump parece haber desactivado la urgencia de represalias con la «bazuca comercial» europea.

Groenlandia se prepara para resistir

Mientras Trump celebra un acuerdo «fantástico» que durará «para siempre», la población local en Groenlandia vive horas de incertidumbre. Coincidiendo con las negociaciones en Suiza, el gobierno autónomo en Nuuk lanzó la guía «Preparado para la crisis», instruyendo a los ciudadanos a almacenar provisiones para subsistir cinco días sin ayuda externa.

El documento detalla la necesidad de acopiar agua, radios de manivela y estufas de queroseno ante eventos que los hagan «particularmente vulnerables». Aunque Trump ha descartado la vía militar, la insistencia de la Casa Blanca en controlar la isla y la retórica de que EE. UU. es imparable en sus objetivos mantienen a los groenlandeses en alerta máxima.

El acuerdo final será negociado por un equipo de «duros» leales a Trump: el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio. Por ahora, el mensaje de Davos es claro: Estados Unidos ha asegurado su frontera ártica y, según su presidente, no necesitó más que la amenaza de su poder para lograrlo.

Créditos: Información de EFE, AFP, BBC News, CNN, NTV y The New York Times.


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